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sábado, 16 de noviembre de 2013

LA NOCHE DE SAN JUAN: CAPITULO 5





SunHi me ha dicho que alguien había penetrado los muros de la mansión. Yo no quise aclarar que seguramente éramos YunHo y yo. Mientras ellos revisaban la mansión de arriba abajo, yo estaba seguro que nada encontrarían, pero pondrían guardias por toda la casa, lo que significaba que YunHo no podría venir esta noche.

Con el corazón oprimido por esa idea, pero aún más preocupado por él, decidí que era preciso ponerlo sobre alerta. La cuestión era ¿cómo salir de la casa sin que SunHi o cualquier otro me siga hasta el campamento gitano?

La respuesta llegó a mí en forma de mi pequeña prometida.

Yoona había venido con su madre a arreglar asuntos relacionados con la ceremonia. Me miraba con ojitos de cachorrito herido. Estaba claro que ella no entendía porque debía dejar de ser una niña para ser ahora una señora.

—Oppa —me dijo. —Oppa ¿por qué debemos casarnos? —La miré sin saber que responder. —Oppa yo no quiero casarme contigo, digo, tú eres muy hermoso, pero yo…

—Tú eres muy pequeña para contraer matrimonio — completé.

—¡No! Yo… yo tengo a alguien especial, le prometí... —Me sorprendí un poco, sonreí y deje que continuara. —Yo, oppa ya tengo a alguien con quien quiero casarme cuando crezca. ¿Tú no tienes a alguien especial? —preguntó con suavidad.

La miré y le dediqué una sonrisa triste. —Tengo a alguien, pero lo nuestro no es aprobado.

—¿Por qué? ¿Es porque ella no es de nuestra clase social? Porque Seung tampoco lo es y yo voy a pelear para estar juntos y…

—No es solo eso pequeña Yoona.

—¿Entonces?

—YunHo, es gitano y es hombre.

—¿Eso que tiene que ver? El amor es como es. Amor es amor en la forma que sea.

Sus palabras maduras me hicieron sonreír. Ella entendió más rápido lo que yo estuve sintiendo durante días. El amor es eso, simplemente amor.

—Vamos te ayudaré —me dijo. Y así, ayudado de la pequeña Yoona, le envié un mensaje a YunHo.

Yoona, con la excusa de conocer su suerte, obligó a SunHi a llevarla al campamento para así entregar mi mensaje, donde explicaba a YunHo la situación.

—Es realmente muy atractivo — me dijo la pequeña. —Si ya sé que soy demasiado pequeña para saber de esas cosas, pero lo que se ve no se puede negar. —Reí fuertemente, en definitiva Yoona es una niña muy viva y diferente de todas las estiradas de la sociedad. —Te contaré —eso era lo que esperaba ansiosamente. —Resulta que cuando llegué al campamento no sabía quién era YunHo, verás, todos los chicos son muy guapos, y el color del lugar, además había mucha música y cosas que no conocía, como el pandero, ¡lo has visto oppa! ¡Es tan lindo! Y yo… hpjum, hpjum —carraspeó al darse cuenta que comenzaba a divagar. —Bueno el caso es que cuando entre con la adivina, ella me dijo que lo que yo buscaba estaba en el fondo de esa callejuela, junto a un árbol, con una guitarra en sus manos, ¿guitarra? ¿Dijo guitarra?, bueno no importa, lo que fue es que él estaba ahí, tal como ella dijo. ¿Pero cómo era que sabía lo que yo buscaba si ni siquiera le había dicho? Ella realmente sabe. Tú entiendes, ¿no oppa? Bueno la cosa es que yo llegué y le pregunté si él era YunHo. Yo lo supe porque tú fuiste muy específico al decir que era muy ardiente y con un lunarcito sobre sus labios —me sonrojé al escuchar mis palabras en la boca de una niña. —Toma —estiró su mano y me entregó un papelito. —Dijo que era importante. —Me sonrió. —Yo te voy a ayudar a escapar.

Me asombró ¿Qué tanto le dijo YunHo? —Gracias.

Así, con ayuda de la pequeña Yoona, planeamos un escape.


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Faltaban dos días para la boda, y hoy, era el día designado. No había visto a YunHo desde la noche de San Juan, me sonrojaba al pensar en volver a verlo y en lo que hicimos.

Yoona había estado yendo y viniendo al campamento gitano. Nadie cuestionaba su presencia aquí, ya que su madre y la mía hablaban sin parar. Y ella, se mostraba cada vez más curiosa por saber cosas de su futuro, por lo que iba al campamento. Esa era su excusa para llevar los mensajes.

—¿Será hoy? —me preguntó. Le sonreí y asentí. —Te voy a extrañar —dijo, conmoviéndome. Yo también la iba a extrañar. En poco tiempo se convirtió en alguien especial, el ángel que cuidaba del amor que YunHo y yo nos teníamos. —¡Suerte! —dijo y se escabulló por los salones de la mansión en busca de galletas.

SunHi entró al salón y me miraba extraño. Sé que ella sabe que algo estoy tramando, lo presiente, pero ni aún así me detendré. «Lo siento SunHi, lo amo con todo mi alma». Me ofreció una taza de té, que calmó mis ansias.

Al caer la noche solo esperaba una indicación por parte de ellos. ChangMin y JiHye nos ayudarían a huir. La cuerda anudada, que seguía guardada en mi armario sería mi escape a la libertad.

Una luz a lo lejos en el muro, seguido de cánticos, eran la señal. Un pequeño grupo de jóvenes gitanos cantaba y danzaban cerca del hueco en el muro. Con ellos me camuflajearía  hasta llegar donde YunHo me esperaba con caballos. Había preparado un bolso con unas pocas mudas de ropa, algunas cosas valiosas y algo de comida. YunHo dijo que viajara ligero. Iríamos hasta otro campamento gitano, ubicado detrás de las montañas, donde su primo Yoochun nos esperaría. Ahora solo esperaba una distracción.

ChangMin se había ofrecido para distraer a los guardias. Entró por la puerta principal, haciendo armando un gran escándalo. Fingía estar borracho, por lo que pude escuchar, y reclamaba algo acerca de un amor por Conchita, a saber quien rayos era Conchita. Pero eso era lo que justamente necesitaba.

Al ver que todos los guardias apostados en el jardín corrieron hacia la puerta principal, abrí la ventana y solté la soga. Previamente la había amarrado a una de las patas de la cama. YunHo no se encontraría para ocultarla, así que sería descubierta al amanecer, pero eso poco importaba, ya que para cuando eso sucediera, YunHo y yo estaríamos a más de medio día de ventaja.

Tomé mi bolso y lo arrojé al suelo, después bajé por la cuerda y eché a correr lo más rápido que pude por los jardines hasta llegar al hueco en el muro, donde JiHye junto con los demás chicos me esperaban para cubrirme.

Todo esto lo hice sin voltear atrás, sin mirar lo que dejaba y sin mirar quien me observaba.

Al llegar al hueco del muro lo traspasé, sintiendo que por fin tendría la libertad para ser yo mismo, para tomar mis propias decisiones y sobre todo, la libertad para amar a ese hombre, a YunHo, contra todo y contra todos.

Como habían dicho JiHye me esperaba junto al coro de muchachos. Colocó sobre mis hombros una capa igual a la que ellos traían, de color rojizo oscuro, pero bastante abrigable, y subió la capucha para ocultarme, los demás hicieron lo mismo con sus respectivas capas. Esta era una de las capas que ellos utilizaban para viajar.

Caminamos entre cánticos y música. Las personas del pueblo, algunas salían sorprendidas o otras visiblemente ofendidas por el escándalo satánico que se estaba llevando a cabo en las mismas puertas de su casa. Los muchachos o niños que se encontraban  despiertos en las casa, se asomaban por la ventana al vernos pasar, la mayoría sonreía al notarnos, pero pronto sus agradables gestos eran acallados por sus furiosos padres, diciéndoles que esto era una orgía para atraer al demonio.

Yo quería correr y apresurarme, pero no era prudente hacer eso, había que fingir bien hasta el final. Y así lo hice. Afortunadamente el trayecto no fue muy largo, por lo que pude ver a YunHo en la salida del pueblo, un poco más alejado de su campamento, con dos caballos esperando.

Al verme sonrió, me abrazó y me levanto por la cintura. Los chicos alrededor reían y aplaudían por nosotros. JiHye lloraba por la felicidad de su hermano y yo solo quería besarlo.

Un casto beso posó en mis labios, pero fue suficiente para hacerme vibrar. Agradecía que fuera de noche y las luces de los pequeños fuegos alumbraban casi nada el color de mi rostro.

Me sonrió y subió la capucha que cubría mi rostro. Me montó a uno de los caballos, que resulto ser una mansa yegua color vainilla y amarró mis cosas detrás de la silla. Subió al suyo y ambos nos encaminamos hacia la calzada que nos llevaría a una nueva vida.

Su madre lloraba, abrazada de JiHye, pero ambas sonreían por nosotros. Su padre se detuvo junto a nosotros: —Has cumplido tu misión, lo has liberado —le dijo a YunHo con una profunda voz. Me miró y tomó mi muñeca. —Ve y sé libre, dulce alma atormentada, ve y sé feliz.

Que el padre de YunHo llamara a mi estilo de vida alma atormentada me causaba gracia, pero él estaba tan serio que creí en sus palabras. Iría a donde YunHo fuera y sería feliz junto a él.  

« ¤ » « ¤ » « ¤ »


Llevábamos andando toda la noche, la luna nos iluminaba. YunHo y yo sabíamos que no era prudente llevar antorchas para alumbrar nuestro camino, no queríamos atraer a personajes no deseados, pero tampoco podíamos parar, nuestra esperanza era cruzar por los siguientes dos pueblos esta noche y tomar la vereda de las montañas. Una vez allí, sería imposible seguirnos el rastro.

Al despuntar el alba, el segundo pueblo estaba a la vista. Estaba cansado, pero me obligaba a ir despierto hasta donde fuera necesario. YunHo, quien iba a solo un paso delante de mí, había bajado el ritmo, nos relajamos al ver el pueblo.

—¿Crees que podamos desayunar ahí? —le dije en medio en broma, medio en serio. Él giró su rostro para verme con una sonrisa. Sonrisa que desapareció por ver algo en el horizonte.

Asustado volteé en la misma dirección. Mis ojos se abrieron como platos. «¡Dios! ¡No es esto posible!». Pero seguramente Dios ya no me escucha.

—¡Vamos JaeJoong! —gritó YunHo.

Los hombres de mi padre estaban a menos de media legua, los distinguía claramente, pero no venían solos. Los finos caballos y ondeantes uniformes claros, señalaban a los otros hombres como la guardia personal de la familia Han.

Asustado, aporré a mi dulce yegua, que sintiendo nuestra desesperación, a pesar de estar tan cansada, corrió desesperadamente. Sus patas se movían rápido, mientras su respiración se hacía pesada. Me dolía verla así, pero esos hombres cada vez estaban más cerca.

El pueblo y mis deseos de desayunar en él se vieron esfumados. Pasamos presurosos por la avenida principal, con dirección al camino de la montaña. Con ellos pisando nuestros talones iba a ser realmente difícil escapar, pero ponía todas mis esperanzas en que pudiéramos lograrlo.

—¡Corre preciosa! ¡Corre! —azuzaba a mi buena yegua.

El camino se hacía más pequeño al salir del pueblo, en el frío amanecer, podía escuchar el trote de sus caballos cada vez más cerca.

—¡Corre! ¡Corre! —YunHo decía tanto a su animal como al mío, y ellos corrían lo más que sus pobres patas podían dar.

La vereda se hacía más angosta y sinuosa conforme nos adentrábamos en la montaña. Lo más prudente sería ir despacio, pero nosotros no teníamos el tiempo ni la sensatez, solo pensábamos en avanzar.

Mi pobre yegua bufaba de cansancio, pero ni así se detenía. El fiel animal avanzaba siguiendo al de YunHo. De pronto, el ruido de unas trompetas la asustó. Relincho y trató de sacudirse de su pesada carga, no lográndolo afortunadamente. Se les notaba  aterrados, y no era para menos, la guardia personal había traído consigo sus perros de caza.

Se rumoraba que esos animales eran expertos en encontrar y feroces al atacar. No solo los caballos le temían, nosotros también. Los perros poseían patas más flexibles y su tamaño pequeño les hacía adentrarse en la montaña con mayor facilidad.

—YunHo —dije preocupado. No me atreví a formular en voz alta mi pregunta «¿Qué vamos a hacer?». Por su bello rostro la desesperación por huir y protegerme se notaba, había varios arañazos en sus mejillas, ya que él, encabezaba la avanzada, y, presurosos como íbamos, destrozaba a su paso la naturaleza y esta a su vez le regresaba el dolor.

—No te detengas JaeJoong —dijo, mientras me miraba. —JaeJoong —me llamó después de nos segundos. Con dificultad  movía el ramaje que a nuestro paso había. Avanzábamos lento, y el ladrido de los perros se escuchaba justo detrás de nosotros. —JaeJoong, al final de esta vereda el camino de bifurca, ese es el inicio del camino de las montañas —lo miré sin dar créditos, pero él seguía prestando atención al camino. Y como leyéndome añadió: —Esta es solo la vereda de inicio. Rara vez alguien la utiliza por eso la maleza se ha apoderado de ella. —El gruñido acusoso de un perro rabioso se escucho aún más cerca. Mi yegua relincho por zafarse de mí e irse de ahí lo más rápido posible. —JaeJoong ¡escúchame! ¡No hay tiempo! Al final de esta vereda encontrarás la bifurcación, debes tomar el camino de la izquierda. ¡Corre!

Al primer gruñido se escucharon más, aullidos delatores les indicaban que nos habían encontrado. Los caballos relinchaban pero trataban de alejarse de esos furiosos colmillos.
¡Por fin! La maleza se abrió y dio paso a un pequeño paraje donde yacían dos caminos, ambos rodeados por enormes muros naturales de roca caliza.

Estábamos por tomar el camino de la izquierda cuando dos furibundos y enormes perros negros nos cerraron el camino. Dimos la vuelta para tomar el otro, no importando a donde nos llevara, solo queriendo escapar de ahí, pero, más coléricos animales nos cerraban el paso.

Sus fauces ensalivadas, gruñendo y mostrando toda esa dentadura amenazante, con esos ojos sin alma, nos asustaron a mí y a mi yegua. Ladraban, lanzándose a las patas de los caballos, que como podían se defendían con certeras coz, pero eran tantos los perros que nos rodeaban que el caballo de YunHo relinchaba amenazadoramente, dando corcovos hacia adelante una y otra vez, como si su intención también fueran defendernos a mí y a mi yegua. Sobre sus dos patas traseras se alzaba amenazante, pero eso solo movía a los perros de lugar, puesto que no cedían, al contrario cerraban más el círculo en el que nos cercaban.

Un gruñido por detrás de mí, el relinchido de mi yegua y ella perdiendo el control, tratando de sacudirse al animal que había mordido su pata, brincaba adelante y hacia atrás, encorvándose. El perro soltó un lastimero chillido cuando la coz de la yegua dio directo en su estómago y no se levantó más. Pero mi pobre animal estaba descontrolado, no dejaba de sacudirse, levantándose sobre sus patas delanteras, solté las riendas, después brincó y se alzó sobre las traseras, deslizándome de ella.

El golpe en mi trasero fue duro, pero no tuve tiempo de quejarme del dolor, debía reaccionar, las patas de mi yegua se lanzaban directamente contra mí. Rodé sobre mi espalda, acurrucándome, cubriendo con mis manos mi cabeza y nuca.

—¡JaeJoong! —gritó YunHo.

Quise responderle que estaría bien, pero las feroces fauces de uno de los cuchos me tomo de la manga, cerca del puño, pero apenas rasguñando mi piel.

—¡Largo! —vociferó, lanzando al animal lejos de mí. Me levantó y me colocó detrás de él. No supe si bajo de su caballo o si al igual que a mí lo había tirado, pero ahora ambos animales corrían sin su jinete, lejos de ese conjunto de colmillos rabiosos.

YunHo llevaba en la mano una rama con la que golpeaba a cualquiera de esos perros que se acercara a nosotros. Pero ellos eran demasiados, nos rodeaban, sus ladridos ensordecedores me hacían querer encogerme de miedo. Se lanzaban hacia delante en cualquier oportunidad.

—¡YunHo! —trataba de dar patadas mientras lo llamaba. Aquellos animales habían tomado mi tobillo, mi carne perforada por ese animal que no me soltaba. Pero YunHo tenía más problemas, trataba de lidiar con varios furiosos perros, como pudo pateó al que me mordía, pero él mismo fue sujeto por otros.

Estábamos a punto de caer y ser despedazados por esos animales, cuando un chillante silbido se escuchó. Los perros se detuvieron, aullaron y gruñeron de nuevo, pero ninguno se acercaba ya a nosotros.

Con mi pierna sangrante, me acerqué a YunHo, quien paso un brazo por mi cintura para sostenerme. Nos encontrábamos rodeados. La mitad de la caballería había llegado hasta nosotros. Los perros cercaban los pocos espacios que teníamos para huir.

De pronto me di cuenta de algo: No teníamos escapatoria.

—¡Vaya! ¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? —el propio Sr. Han encabezaba la búsqueda. —¿Tratabas de huir preciosura? —me decía. YunHo me oculto con su cuerpo. —¿Pero qué es esto? ¿Te vas con él? ¿Con éste…? —miró a YunHo de forma despectiva, para después inhalar. —Te lo dije, tú ya me perteneces. Ahora ven conmigo. —No quería ir, mi cuerpo temblaba de miedo y dolor. Seguía detrás de YunHo, aferrándome a su camisa, mientras negaba con la cabeza. —¡Te dije que vinieras acá! —bramó.

—¡Basta! ¡Él no quiere ir contigo!

—¿Y quién demonios eres tú para decidirlo?

—¡Soy su pareja! —¡Oh, Dios! Cuando YunHo exclamó aquello, se hizo un silencio sepulcral, uno que dio paso a la más fría ira.

—¿Te entregaste a él maldita zorra? —vociferó imponente desde su caballo, acercándose a nosotros. YunHo lo seguía con la mirada, con un brazo impidiendo que saliera de su protección. —¡Sujétenlo!

A continuación unos hombres trataron de apresar a YunHo, pero se hicieron falta al menos cinco para poder tenerlo bajo control. Desgraciadamente no pude decir lo mismo de mí, dos sujetos me tomaron por cada brazo y por más que intentaba soltarme, ellos solo me apretaban más y más.

Han bajó de su caballo, me miró colérico antes de soltarme un bofetón que me hizo girar la cabeza. La punzada en mi mejilla izquierda y mi latiente labio como señal de su retenida ira.

—¡Déjalo! —escuché gritar a YunHo, seguido de un lastimero gemido. Abrí mis ojos solo para ver como esos brutos golpeaban a mi amado.

—¡YunHo! —traté con más fuerza de soltarme, solo una de mis manos se extendía con ansias de llegar a él.

—¡Átenlos!

YunHo se resistía, peleaba, pero eran demasiados para él solo. Yo trataba de llegar a él, arañaba y mordía todo lo que estuviera a mi alcance.

—¡Basta! —Han me tomó de los cabellos, para luego soltarme con brusquedad. Después un golpe más fuerte que el primero y todo se volvió negro.  

« ¤ » « ¤ » « ¤ »

Cuando reaccioné iba en la parte delantera del caballo, mis brazos y piernas colgaban, mientras mi torax era el único soporte. Mis muñecas atadas fuertemente y un hilillo de algo que parecía ser sangre escurría de mi boca.

Me moví en busca de YunHo, pero el constante trote del animal no me permitía enfocar bien la vista. Tenía la boca muy seca y todo mi cuerpo dolía.

La tarde parecía caer, pero no podría estar seguro de si era tarde o solo mis ojos que comenzaban a cerrarse de nuevo. A lo lejos pude escuchar la dulce voz de mi YunHo que me llamaba, me pedía que soportara, que no lo abandonara…

Cuando volví a abrir los ojos, la oscuridad me recibió.

—¡YunHo! — grité. —¡YunHo!

—Shhh amor, aquí —me llamó. —Aquí estoy.

Al acostumbrarse mis ojos a la oscuridad, lo vi. Unos barrotes nos separaban. Me levanté y, cojeando fui hacia él, no notando el sonido metálico que hacía al caminar, hasta que el dolor en mi lastimado tobillo me detuvo.

Un grillete atado en mi tobillo sano me anclaba a través de una cadena a la pared. La cadena era larga, pero no lo suficiente para llegar hacia el extremo de la celda donde YunHo se encontraba.

—Tranquilo, amor, tranquilo. Así solo te harás más daño —me decía, pues yo trataba en base de jalones de sacarme de esa cadena.

—YunHo — gimoteé.

YunHo estaba en condiciones deplorables, la poca luz que se colaba por algunas rejas en la parte superior, me mostraban a un hombre bastante golpeado.

—Después de que perdiste el conocimiento nos trasladaron aquí. —Lo miré, sus ropas desajustadas y sus rodillas sangrantes me asustaron. —No pasa nada —me calmó al notar que yo entraría en un ataque de pánico por verlo demasiado herido. —Camine por un tramo, me arrastraron otro y cuando vieron que demoraban mucho me subieron a un caballo —explicó.

—Lo siento. —Las lágrimas salían a borbotones de mis ojos. Por mi culpa habían herido a YunHo. Sí me hubiera quedado y cumplido con mi deber, nada de esto le hubiera pasado, esto es…

—Detente —dijo irrumpiendo mis pensamientos. —Nada de esto es tu culpa. Si no hubieses aceptado venir conmigo, hubiera encontrado la forma de secuestrarte y llevarte conmigo. JaeJoong, te amo más que a nada.

—También te amo —le respondí aún llorando. Estiré la mano y él hizo lo mismo, nuestros dedos apenas lograban rozarse, pero ese simple toque lograba calmarme.

Sonreímos antes de hacerle frente a nuestro trágico destino.

La puerta se abrió y en la sala entró el Sr. Han. —Tú padre te ha abandonado. Le has fallado a la familia y has deshonrado el apellido Kim. Pero, no te preocupes, no estás solo. Me tienes a mí, yo te acogeré bajo mi manto. ¿Acaso no soy  un alma caritativa?

Temblé y me refugié en lo más hondo de la celda. Aquello molestó al hombre, que se acercó con paso firme hacia mí. —¡Déjalo! ¡No lo toques! —gritaba YunHo desde su celda.

Eso no intimidaba a Han, que, cuando me tuvo al alcance, me tomó por el cuello, ahogándome. —¿Disfrutaste revolcándote con ese gitano? Ahora verás lo que es bueno. Y tú —le gritó a YunHo. —Tú serás testigo de su castigo por haberme desobedecido.

—¡No! —gritó. Quise arañar y patalear, pero ya no tenía fuerza, ni aire.

Han se deshizo rápidamente de mis pantalones, con la misma cadena que ataba mi tobillo, me ató el cuello, dejándome en una posición muy incómoda y expuesta. Mi pierna se elevaba y apretaba contra mi pecho.

Quería patearlo, pero el muy desgraciado ajustaba más la cadena cada vez que me movía. Todo iba y venía en mi cabeza, junto con el poco aire a mis pulmones. YunHo gritando, lanzándose contra las rejas, suplicando que no me hiciera nada.

—¡¿Pero qué creé que hace?! —Una voz clamó por detrás de Han.

—¡Lárgate maldita!

—¡Señor! ¡Es pecado! ¡Es por lo mismo por lo que los va a condenar a la horca!

—¡Te dije que te largarás!

—¡No permitiré que tal acto se lleve a cabo en suelo sagrado!

—¡Aggh! —escupió frustrado. Solo pude decir «Gracias, Dios» cuando ese hombre se levantó y se fue.

Aún temblaba cuando unas manos más suaves me tocaron, por instinto me encogí y traté de alejarme. —Shh, tranquilo pequeño JaeJoong. —Reconocí la voz de SunHi, y dejé que me quitara la cadena del cuello, aunque nada pudo hacer por el grillete en mi pierna. —Lo siento, lo siento tanto pequeño —sollozó. —Si yo hubiera sabido que… no… te juro… no era… mi intención… yo…

Por pedazos capte lo que quería decirme. ¡Ella me había delatado! ¡Ella  me había traicionado! —Tú los enviaste a mí, nos enviaste al matadero. —Quería gritarle, quería arañarla, quería hacerle un poco del daño que nos causo su acción, pero todo lo que salió de mí fue esa triste y monótona voz.

—Pequeño JaeJoong —dijo tratando de acercarse, pero yo me escurría de nuevo. ME sentía herido, no solo físicamente. YunHo y yo pudimos ser libres, y sin embargo estábamos condenados por culpa de la que alguna vez llamé amiga.

Al ver que no quería dirigirle la palabra, me tomó del tobillo lastimado tan fuerte que grité y YunHo gruñó. Sorbiendo por la nariz y dejando escapar silenciosas lágrimas, tomó las vendas y agua que traía para curarme. Lavo mi herida y la vendó, pero nada pudo hacer por mi ropa estropeada o mi alma magullada. Después fue con YunHo, e hizo lo mismo.

Antes de que se fuera pregunté: —¿Es verdad que fuimos condenados a la horca?

Me miró de manera triste y culpable, miro a YunHo y lloriqueó aún más fuerte. —Él fue condenado a la horca, tú pequeño, a la hoguera, serás quemado bajo el fuego de la purificación.

—!¿Qué?!

—El Sr. Han se ha ofrecido a ayudarte a rectificar tu camino, aún lo están decidiendo, pero es casi seguro que aceptarán porque eres un bautizado de la Iglesia y, ellos querrán que…

—Querrán que retome mi camino por el bien. Ja, ja, ja ¡Por favor! ¡No me hagan reír! ¡Tú lo has visto! Ese hombre me… ese hombre no me llevará por donde quieren. Ese hombre es el mal personificado.

—Pero…

—No ha peros —interrumpió YunHo. —Sí tú no hubieras llegado, quien sabe cuánto daño le pudo haber causado a JaeJoong.

—Tú, ¿de verdad lo amas?

—Más que a mi vida.

SunHi asintió y se marchó.

Mientras la noche avanzaba, la única forma de conectarnos era con la vista. YunHo se había recostado sobre las barras y yo lo más cercano a él. —YunHo, tengo frío.

No sabía si era una frialdad en el corazón por saber mi destino y el de YunHo, o si por haber condenado a un buen hombre como él, o si simplemente mi cansado cuerpo me pasaba la factura.

—JaeJoong, JaeBoo no te duermas. —Era la primera vez que me llamaba de esa manera, que se sentía cálido en mi pecho, pero mi cuerpo no paraba de tiritar. Tenía demasiado frío.

Al final caí en un profundo sueño… 

Al despertar, estaba solo, completamente solo. YunHo no estaba en su celda. Habían apartado a mi amado de mí.

La luz nívea de la mañana se colaba por las rejas superiores. Lloré, grité lo más fuerte que dio mi garganta. —¡YunHo! ¡YunHoooo!


¿Dónde estás? Mi amor, ¿dónde estás? 
Sin ti no puedo morir. 
Sin ti vagaré.



Se lo habían llevado y yo ni siquiera pude despedirme de él. —¡YunHo! ¡Déjenme salir! ¡YunHoo!

En ese momento entendí, que jamás volvería a verlo. Que si tenía, según ellos suerte, sería perdonado de morir bajo el fuego purificador, pero yo, yo… yo deseaba morir para verlo.


Es mejor dejarte marchar. 
Señor, ¿dónde está mi amor?, devuélvemelo. 
Señor, ¿dónde está?


«Dios, por favor, devuélvemelo. Por favor Señor, te lo ruego».

«Sé que he fallado, pero por favor, regrésalo a mis brazos».



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N/A: Un placer que me hayan acompañado hasta este punto. El siguiente será el final de esta historia, espero que haya sido de su agrado.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

aaaaaaaaaahhhh!! pero si será estúpida esa tal SunHi! Yo la desgreño! ¿Por qué? por qué les hizo eso? maldeeeta traidora!!!! ¿acaso no podía quedarse callada?
Mi pobre Yunho condenado a la horca y JaeJoong probablemente se quedará con ese asqueroso de Han!

Ay! ;^; creo que se acerca otro triste final, yo lo único que quiero es que si no puede estar juntos en esta vida que al menos si lo estén en la muerte!

Como siempre nos dejas en suspenso mujer, te leo pronto, gracias por compartir --huye llorando--.

JoJo Lim~♥ dijo...

:'( qué mal! se llevaorn a Yunho y Jae no sabe dónde podrá estar!! maldito señor Han que quiere a Jaejoong, no entiende que el es de Yunho y viceversa! :'( el podrá liberar a JJ al fin? espero que si!! -se pone a llorar amargamente-
muchas gracias por seguir esa historia tan hermosa, amé el cap anterior y los que le aconteciron antes!! de verdad espero que contunues èwé me debes 5 cajas de pañuelos, por lo de la noche de sanjuan y el peso del alma!! éwé

Unknown dijo...

Ay sigo llorando porq ahhhhh

Ángela dijo...

muero lentamente de rabia y frustación, pero qué animales todos, golpeando y torturando a esas dos almas que solo se enamoraron y no hicieron mal a nadie.
juro que si la seudoamiga de Jae no hace algo para enmendar el lío que formó, voy y la ahorco con mis manos por traicionera y vil.

y Yunho dónde está??? que no mueran porque me agarra un ataque cardíaco.
quiero que triunfe el amor
gracias

Paradise YunJae fanfics dijo...

Es enserio?
tendra un final tragico y dramatico?
oh no
Maldita anciana q delato a jaejoong q se muera
Por ella el y yunho estan ahi y qien sabe q le haran o ya hicieron al sexy gitano

JadeJung dijo...

No no no no no TT
Esto no esta pasandpo por favor TT
Esto no es verdad TT

YunJae Vincit Omnia dijo...

nooooooooooooooo es mentira diganme que a YUnho no le paso nada T.T

yunhokim dijo...

no no noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo por dios que no este muerto yunho di que es solo una pesadilla y que todo esta bien yunho y jae felices y bien juntitos

Laura Campos García dijo...

Que maldita es también SeulHi, si ya había visto y oído al Sr. Han decirle a Jae que el hiba a ser el primero ahora se hace la inocente que no sabía. Que le paso a Yunho ojalá no lo hayan ahorcado y que sean libres con su amor.

Unknown dijo...

T______T por que.... ???
seulHi maldita.. ella en vez de ayudar y apoyar a jaejoong ... lo traiciono y condeno peor..
yunho y jaejoong ya hubieran estado libres y felices </3.
Ahora que paso con yunho? lo mataron? noooo...! TT___TT