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miércoles, 9 de octubre de 2013

EL TOQUE DE UN ASESINO: CAPITULO 16

CAPITULO DIECISEIS

Jaejoong no sabía lo que había hecho para enojar a Dios, pero debía haber sido malo para terminar en el lado equivocado del medidor del karma.

Jaló irritado la cadena alrededor de su cuello cuando se resistió a la tentación de morder los tobillos del cambiaformas Cobra. Aunque ese hijo de puta necesitaría ayuda si trataba de ajustarle un bikini de metal, porque, encadenado o no, Jaejoong lo atacaría.

—Esto es un poco dramático, incluso para ti —escupió Jaejoong a su captor.

El Cobra le dio un tirón a la cadena, haciéndole ver las estrellas a Jaejoong que suspiró mientras luchaba por respirar. Maldita sea, ¿cuándo aprendería a mantener cerrada la boca?

—Cuida tu boca, Pantera, antes de que te ofrezca de alimento a los cambiaformas Tarántulas —advirtió Orión con los dientes apretados.

Orión hizo una seña a uno de sus subordinados serpiente que estaba detrás de un trípode. La serpiente asintió con la cabeza, a continuación, encendió la cámara.

—¿Nos van a filmar? —Jaejoong no pudo resistir el impulso de burlarse—. ¿Eso no es un poco egocéntrico?

Orión se agachó y cogió un puñado del pelo de Jaejoong. Lo jaló hasta que Jaejoong no tuvo más remedio que inclinar la cabeza hacia atrás. El movimiento expuso su garganta en un espectáculo de sumisión que hizo a su felino rugir en señal de protesta.

—Ya sabes, siempre me he preguntado algo —reflexionó la cobra—. ¿Por qué llaman a los de tu clase Panteras? ¿No eres realmente un Puma Negro?

Jaejoong tragó saliva mientras su espalda comenzaba a arder en protesta por la incómoda posición. —Sí, somos Pumas por nacimiento.

—Entonces, ¿por qué no te llaman así?

—Porque, como muchas otras razas de felinos, siempre ha sido un estigma que acompaña a nuestro color negro. La única manera en la que el padre de Eric pudo conseguir que el resto de los Pumas aceptaran pacíficamente a mi clase en la coalición, fue con la condición de que fuéramos llamados Panteras.

—Así que ¿me estás diciendo que ni siquiera puedes andar con tu derecho de nacimiento, ya que naciste diferente? Eso no suena como a una coalición equitativa y justa para mí —cantó Orión cuando se agachó para acariciar la mejilla de Jaejoong.

Jaejoong se echó hacia atrás con un siseo felino, la cadena mordía su piel ya lastimada. —Eric es justo. La única razón por la que sigue con eso, incluso después de la muerte de su padre, es porque estuvimos de acuerdo con que era la mejor manera de mantener la paz.

—Eso es lo que Eric dice, pero tienes que cuestionártelo. Después de todo, no hace que Heechul se llame a sí mismo de una manera diferente a lo que es, un Jaguar Negro. —Una sonrisa astuta se enroscó sobre los labios de Orión—. Pero, de nuevo, Heechul es el hermano de Eric, y tú sólo eres uno de los felinos perdidos que acogió por lástima.

—Eso no es cierto —argumentó Jaejoong, incluso cuando los inicios de la duda empezaron a acosarlo. ¿Cuántas veces había dicho él mismo exactamente eso?—. Soy un miembro de pleno derecho de la coalición, y uno de sus soldados, así que soy uno más de ellos.

—Tú dices eso, pero ambos sabemos que no es cierto. Todo lo que ellos ven en ti es un pedazo de pelusa. Un vagabundo que sólo va a arrastrar a Yunho. Ni siquiera te están buscando.

Jaejoong negó con la cabeza, incluso con la duda echando raíces y comenzando a crecer. En el fondo, sabía que Orión sólo jugaba juegos mentales, sin embargo, Jaejoong no podía negar todas las veces que había sido llamado zorra, puta o fácil. La mayoría de las veces había sido desde que se había unido a la coalición. Es cierto que había tenido más que su cuota justa de acostarse con cualquiera, pero eso no quería decir que todavía no le doliera.

Orión chasqueó los dedos. —Creo que Jaejoong necesita algo para ayudarlo a relajarse. A mí me parece demasiado tenso.

«Oh, Dios. ¡No! Por favor, otra vez no. Prefiero morir primero». —No, por favor —gimió Jaejoong suavemente mientras se echaba hacia atrás tanto como la cadena se lo permitía.
Un hombre delgado y alto con el oscuro cabello peinado hacia atrás, dio un paso adelante. Con los ojos tan negros que parecían no tener pupilas, y los labios rojos y delgados, casi parecía una versión animada de un villano. Desprendía unas vibraciones diabólicas que hacían temblar de miedo a Jaejoong. Luego sonrió y todos los pensamientos de los dibujos animados huyeron de la mente de Jaejoong.

¿Cómo era posible que una sonrisa pudiera parecer tan amenazante... terrorífica... maléfica? Tal vez tenía que ver con el par de colmillos que se posaban sobre el labio inferior del hombre. Mientras se acercaba, Jaejoong podía ver las gotas de veneno que se formaban en las puntas de los espeluznantes colmillos.

Jaejoong intentó resistirse, pero el hombre era demasiado fuerte. Antes de que pudiera incluso protestar, se encontró clavado en la pared. Fuertes dedos agarraron su pelo y tiraron con saña hasta que Jaejoong no tuvo más remedio que inclinar la cabeza hacia atrás para salvarse de la pérdida de una parte de su cuero cabelludo.

—Por favor... no —le susurró Jaejoong, odiándose a sí mismo por la mendicidad.

Más que el próximo dolor y estupor por lo que iba a suceder, Jaejoong temía la forma en que el veneno le hacía actuar. Sabía que no sería capaz de luchar contra ello, y en cuanto la toxina golpeara en su corriente sanguínea, perdería todas sus inhibiciones y comenzaría a actuar como la zorra con la que todos lo habían etiquetado.

Aunque nunca había ido tan lejos como para follar con un cambiaformas Araña o cualquiera de las serpientes, no había nada que Jaejoong temiera más que entregarse y andar todo el camino para traicionar finalmente a Yunho. En ese caso, Jaejoong sabía que nunca sería capaz de volver a casa con su pareja. No porque Yunho no lo quisiera llevar de vuelta, sino porque Jaejoong nunca sería capaz de hacer frente al hombre que amaba de nuevo.

A pesar de que lo esperaba, Jaejoong todavía dejó escapar un grito de dolor al sentir los colmillos perforar su carne donde su cuello y hombro se unían. Después la Araña lo asió más duramente, y el dolor aumentó cuando el veneno del cambiaformas comenzó a viajar a través del torrente sanguíneo de Jaejoong.

Abrió la boca en un grito mientras una oleada tras otra de agonía lo quemaba y se dispersaba por su cuerpo. Después de lo que pareció una eternidad, el dolor poco a poco se escapó en forma de pulsos calientes de placer.

Jaejoong dejó que sus ojos giraran de nuevo, con una risa tonta burbujeante en sus labios resecos. Si las manos esposadas se lo hubieran permitido, habría llegado incluso detrás del cuello de la Araña, jalándolo con el fin de mantenerlo más cerca mientras lo mordía.

—Wow —sopló Jaejoong, su propia voz sonaba interminable y lejana.

—¿Se siente bien, Pantera? —exigió Orión.

Jaejoong dejó escapar una risa gutural. —Al principio no, pero ahora es muy bueno.

Arqueó su cuerpo de vuelta a la Araña, sonriendo cuando sintió la erección del hombre presionando en su culo. Una pequeña parte de él gritaba que el movimiento era inadecuado y erróneo, pero la voz sonaba tan débil e insignificante, que Jaejoong fácilmente la dejó de lado.

La Araña sacó sus colmillos y le dio a la garganta de Jaejoong una perezosa y larga lamida. —Dios, yo daría cualquier cosa por joderte.

—Está bien —se quejó Jaejoong, el veneno seguía palpitando a través de su cuerpo.

—Eso no va a pasar, felino —espetó Orión—. Sun Ryul tiene la mala costumbre de comerse las cabezas de sus amantes una vez que ha jodido con ellos, y lo digo literalmente. Necesito que vivas por lo menos un poco más de tiempo.

Jaejoong dio un suspiro de frustración. Estaba tan duro, tan necesitado, que le dolía. Además era algo más que una simple erección debido al veneno. Ese dolor quemaba malamente, lo que lo hacía temblar. En su agonía, su mirada pasó a Orión. —¿Entonces tú?

En ese momento, Jaejoong apenas recordaba que este era el hombre que lo había arrancado de la única persona a la que amaba. Que la serpiente era el responsable de la cadena que se envolvía alrededor de su cuello. O que odiaba a Orión más que a nada en el mundo. Lo único que le que importaba era deshacerse del hambre que lo quemaba.
Orión le dio una sonrisa sádica. —No, la mitad de la diversión es verte sufrir.

Jaejoong dejó escapar un grito de angustia. Bien, sólo se masturbaría. Trató de llegar hasta su erección, pero el jalón que sintió le recordó que sus manos estaban esposadas. La peor parte era que tenía las esposas enganchadas al cinturón alrededor de su cintura, por lo que sólo podía mover las manos unos cuantos centímetros, seguramente no lo suficiente como para tirar de su polla.

—No es justo —gimió Jaejoong mientras continuaba su lucha contra las restricciones.

—¿Quieres saber cuál es la otra mitad de la diversión? —preguntó Orión.

Jaejoong negó con la cabeza, su mirada seguía dirigida a los puños. Seguramente debía haber alguna manera de arreglar las cosas para que pudiera llegar a su polla y acabar con ese dolor. Tal vez si retorcía las manos hacia la derecha...

Orión se acercó, se apoderó de Jaejoong por la barbilla y le alzó la cara hacia la cámara. —La otra mitad es saber que ‘él’ te va a ver sufrir.

Otro gemido escapó de Jaejoong, esta vez mezclado con vergüenza. Ahora Yunho sabría que todos habían estado en lo cierto. Que Jaejoong no era digno. Que no era más que un juguete sexual utilizado, que había sido dejado de lado por muchos otros.

Ni siquiera eso hacía que la excitación de Jaejoong desapareciera. Dejó escapar un sollozo ahogado cuando pidió algo completamente diferente: —Por favor, sólo mátame y acaba de una vez. Acaba conmigo antes de que lo traicione.

Orión agarró del pelo, tirando cruelmente hacia atrás para que Jaejoong mirara una vez más hacia la lente condenatoria de la cámara. Inclinándose, por lo que sus labios estuvieron a pulgadas de la oreja de Jaejoong, Orión siseó: —No me ruegues a mí. Ruégale a él. Hazle saber cuánto dolor llevas dentro.

Así que Jaejoong lo hizo. Con la mirada perdida en esa cámara maldita, balbuceó: —Lo siento mucho, Yunho. Debería haber sido más fuerte... mejor para ti. Minwoo tenía razón cuando me dijo que me mantuviera alejado de ti.

—¿Quién es Minwoo?— instó Orión.

—Una Pantera. Él y su socio, Dongwon, me acogieron primero a mí y luego, más tarde, a Yunho. Nos enseñaron cómo ser parte de la coalición.

—Por lo tanto, ¿Yunho y tú habéis vivido allí juntos?

A pesar de que Jaejoong se daba cuenta de que estaba cayendo en una trampa verbal en su estado aturdido, no podía evitarlo. —No, una vez que Yunho llegó, me pidieron que me mudara.

Orión pasó sus dedos y comenzó a acariciar el cabello de Jaejoong de una manera a la que casi se podría llamar... ¿cuidadosa? —¿Ellos no te quisieron más? ¿Al igual que tus padres de crianza cuando te echaron al cumplir los dieciocho años?

Toda la situación estaba tomando un cariz del tipo El Silencio de los Inocentes, pero maldita fuera si Jaejoong podía poner los frenos. —Sí.

—¿Cómo te hace sentir? —continuó Orión acariciando el cabello de Jaejoong y tomando un aire extrañamente reconfortante en ese acto.

—Me dolió. —Jaejoong inhaló—. Realmente fue malo. Yo pensaba... —Se calló al tragar varias veces.

—Pensaste que podrían ser la familia que nunca tuviste. Hermanos que entenderían por lo que estabas pasando —Orión suministró.

—Sí —asintió Jaejoong. Tal vez Orión no fuera del todo malo. Después de todo, antes de ese día, nadie se había tomado realmente el trabajo de ahondar en sus sentimientos, no sus viejos compañeros de cuarto, no Dongwon o Minwoo, y ciertamente no el resto de la coalición.

Jaejoong desvió la mirada hacia arriba a los ojos rojos de Orión, y confesó: —Minwoo me dijo que no quería que viera más a Yunho. Al principio, pensé que se debía a que Yunho era un Leopardo y todo el mundo pensaba que esa clase de felinos son desapegados.

—Esa no era la verdadera razón, ¿verdad?

—No. Minwoo pensó que no era lo suficientemente bueno para Yunho. Que había jodido con demasiados tipos y que terminaría perjudicándolo. —Jaejoong parpadeó, alejando las lágrimas que amenazaban con construirse.

Orión ahuecó la mejilla de Jaejoong. —Sin embargo nunca lo habrías hecho. Lo sé bien.

En contra de todo su buen juicio, Jaejoong se sintió inclinado hacia la toque. Se sentía tan reconfortante y enriquecedor, no podía recordar que no debería ser el receptor de esa caricia. —No soy malo.

—No, lo que deseas es ser amado.

Wow, Orión lo entendía mejor de lo que nadie lo había hecho antes. ¿Cómo era que Eric y Yunho podían pensar que este tipo era tan malo? Era casi agradable. Mucho más amable que muchos otros de la coalición.

Jaejoong negó con la cabeza, tratando de recordarse a sí mismo que Orión también lo había secuestrado. No sólo a Jaejoong, sino a muchos otros. Jaejoong había perdido la cuenta de todos los cautivos felinos con los que se había encontrado en las últimas ocho semanas. No sólo eso, sino que Orión había puesto mucho en su plato para aumentar la humillación de Jaejoong. En primer lugar, haciendo que se sentara en el suelo como un perro adiestrado, y luego sometiéndolo a las picaduras de la Araña.

Aun así... Orión podía ser agradable, a veces demasiado. Al igual que en estos momentos. Incluso se inclinó y depositó un casto beso en la parte superior de la cabeza de Jaejoong.

—Mi pobre Pantera. Nadie te entiende.

Olvidando por completo que la cámara seguía filmando todo, Jaejoong asintió con la cabeza. —Sólo tú lo haces, Orión.


A continuación, apoyó la mejilla en la rodilla del Cobra y dejó escapar un suspiro de satisfacción.


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